Alfredo Cuervo Barrero

Una vez superadas exaltaciones y ensoñaciones,
calmadas y aprendidas las pasiones de las primeras relaciones,
dejado atrás lo que no fue y guardándolo sin rencores,
gastadas las falsedades y maduradas las voluptuosidades.

Una vez asimilada y corregida la falta de experiencia,
encontrada en el día a día la ratificación ya sin ausencias,
de que el querer a alguien es la más definitiva de las pruebas,
al mostrarse ante el otro tal y como uno mismo se conserva,
al comprobar que lo que uno da es lo que al final uno se lleva.

Una vez diluidas entre fuentes de sinceridad las diferentes fantasías,
por querer hacer un proyecto real con y de nuestras vidas,
en el que uno sabe ofrecer cuando el otro más lo necesita,
en el que de lo que se trata es de no llenarse de sensaciones vacías,
de crear el propio camino sin dejar de lado las otras expectativas.

Una vez ganada y exigida la propia independencia,
respetadas las distancias cuando ésta nos lo sugiera,
abandonada la idea de que sino se comparten todas las vivencias,
acaba por marchitar lo que antes crecía por propia inercia,
más de un destino ha dejado a otro por exceso de absorbencia,
aprender a dejar tiempos muertos para renovar así viejas sorpresas.

Una vez recordada la evolución de las diferentes situaciones,
en las que la naturalidad vence a lo forzado sin limitaciones,
en las que uno más uno excede a lo que por separado se pretende,
en las que no hay más obstáculos que juzgar sin mirarse antes la frente,
que reaccionar a la primera devolviéndonos así disparidades ingentes.

Una vez rota la costumbre de rodearse siempre de escudos,
de querer tener siempre razón por no traicionar al orgullo,
de ceder al otro las deudas que no zanjamos en nuestro rumbo,
de negar la realidad cuando lo que sucede no es de nuestro gusto,
de ostentar con palabras los que debieran ser nuestros propios asuntos.
 
Una vez aclaradas las ideas en cada uno de estos puntos,
es cuando empieza el inicio del verdadero aprendizaje,
no dejar al azar lo que tenemos que poner de nuestra parte,
sólo hay un secreto y esto es lo que su interior contiene,
para aprender a querer hay que empezar por saber lo que uno quiere.

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